El ‘Tsunami’ de Grillo

Hay una fotografía que quedará grabada en mi memoria como el símbolo de esta campaña electoral. La imagen fue inmortalizada el pasado lunes 11 de febrero en una preciosa ciudad de provincia, Mantua, en la región de Lombardía. La plaza principal rebosaba de gente que escuchaba atenta las palabras de un ex cómico convertido en líder político, Beppe Grillo, mientras la nieve lo cubría todo de blanco. Todos quietos, callados, muertos de frío y cada vez más empapados. Es una imagen que le deja a uno atónito, ya que la tendencia de nuestros tiempos es la opuesta: si un político logra reunir a su alrededor una multitud, ésta tan sólo quiere abuchearle.

beppe grillo mantova neve

Pueden encontrarse innumerables fotografías parecidas a ésta en su blog, en su página de Facebook y en Twitter. La estrategia de su campaña electoral se mueve a través dos ejes aparentemente incompatibles y que, en cambio, se han compenetrado con éxito: las plazas e Internet. Grillo es el único líder político que no ha querido pisar los platós ni atender a los periodistas en estos meses. Desde el 14 de enero viaja a lo largo y ancho de la península, de norte a sur, ha alcanzado Sicilia y Cerdeña, habla con la gente y llena las plazas tanto de las productivas ciudades de provincia como de los grandes centros urbanos. Génova y Palermo, Turín y Cagliari, incluso la ciudad roja por excelencia, Bolonia. Y, cómo no, actualiza su blog y su canal de Youtube, desde el cual se pueden seguir en streaming todos sus mítines.

Grillo ha bautizado su gira como el Tsunami Tour, un nombre más acertado de lo que probablemente él mismo piensa. Por una parte Tsunami, porque arrolla a todas las categorías políticas con las que habíamos etiquetado y analizado los hechos de la política italiana de los últimos 20 años. ¿Es un movimiento político de derechas? ¿Es de izquierdas? Nadie sabe contestar y Grillo afirma que él y los suyos han superado todas esas categorías. Por otra parte Tour, la palabra en la que menos se hace hincapié, pero no por ello es menos importante. Describe muy bien lo que hace: sus apariciones públicas se parecen más a una representación teatral que a mítines políticos; juega con las reglas eternas del teatro; sabe cuándo soltar un chiste o un apodo; cuándo levantar la voz. No hace falta molestar ni a Platón, ni a Aristóteles, ni a la catarsis, para entender que Grillo domina a la perfección el mecanismo de la empatía. Los suyos son unos electores convertidos en público: el público de una extraordinaria puesta en escena.

En su ímpetu regeneracionista, Grillo sostiene que la televisión está muerta, que los periodistas (¡todos, sin hacer distinciones!) son unos mentirosos, que las tradicionales lógicas de poder están superadas, que hay que salir de la zona euro, que los políticos tienen que irse a su casa. “¡Todos a casa!”, grita desde el escenario. “¡Todos!”, le contestan en coro desde la plaza. Entre las carcajadas del público, Mario Monti se convierte en Rigor Montis, Pierluigi Bersani en Gargamel y Silvio Berlusconi en el psicoenano. Rechaza los valores y los mecanismos de la democracia representativa y profetiza una democracia horizontal, una democracia de la web que en un futuro muy próximo barrerá el sistema parlamentario que hemos conocido hasta ahora. Grillo divide peligrosamente el mundo en dos, sin matices de gris: de una parte, están él y los que le apoyan sin condiciones; de la otra, todos los demás, malos y corruptos.

Beppe Grillo es un cómico de talento que desarrolló su carrera a finales de los años 70 y llegó al gran público a comienzos de los 80, gracias a su participación en Fantastico, un exitoso programa de variedades de la RAI. Pero no hay que dejarse engañar por la palabra cómico. Grillo no se encasilla en el género del humor o del simple entretenimiento; siempre ha sido un autor/actor satírico. En sus sketchs denunciaba el comportamiento de los políticos de la así llamada Primera República*, directivos de grandes empresas públicas y privadas y promovía, a la vez, tesis ecologistas.

El 15 de noviembre de 1986, con el famoso Pippo Baudo al frente de Fantastico, el número de Beppe Grillo era uno de los momentos más esperados de la velada. Pero esa noche pronunció la frase que, de alguna manera, le costaría la carrera. Empezó a contar que destacados miembros del Partido Socialista de Bettino Craxi habían viajado a China en una misión diplomática. Imaginad una mesa enorme, con los políticos italianos y sus respectivos chinos cenando juntos. De repente, dijo Grillo, Claudio Martelli (el segundo de Craxi) se levanta de la mesa, se acerca al secretario de su partido e incrédulo le susurra al oído: “¡Me he enterado de que aquí hay mil millones de socialistas! ¿A quién le roban entonces?”.

La broma no le hizo ninguna gracia a Craxi y Grillo salió para siempre de la Rai.

El cómico desapareció de la televisión, pero continuó su carrera en los teatros. En el año 2005, empezó a escribir un blog junto al empresario y experto de comunicación Gianroberto Casaleggio. Las temáticas ambientales, la corrupción y los escándalos financieros (Parmalat, Cirio, e Banca d’Italia) fueron sus caballos de batalla. La popularidad del blog fue tan abrumadora que en torno a estos temas cuajó un movimiento popular que se hizo promotor de algunas de las más relevantes manifestaciones de los últimos años. Después, esta ola de indignación se transformó en un movimiento político, el Movimento Cinque Stelle (M5S), que desde 2010 tiene representación en muchos ayuntamientos y parlamentos autonómicos. Grillo dirige el movimiento con férrea autoridad, pero ha tomado la firme resolución de no presentarse directamente a las elecciones. Es la cabeza mediática del M5S y representa una especie de sponsor para las candidatos que se han situado a su sombra. Los últimos sondeos indican que es la tercera fuerza política del país y cosechará el 15% de los votos, detrás del Partido Demócrata y del PDL, pero por delante de Monti.

Queda por ver de qué serán capaces los más de 100 diputados y senadores del M5S que podrían entrar en el Parlamento. Hasta ahora, siguen con fervor casi religioso las palabras de su mentor y se consideran a sí mismos portadores de la estela de la pureza. Sin ánimo de molestar, les aconsejo de echar mano de los clásicos. Con toda seguridad, los senadores son buenos hombres, decía Cicerón; al contrario, el Senado es una mala bestia. Huelga añadir más palabras para todo el que quiera entender.

* Por Primera República se entiende la época anterior a los escándalos de corrupción y a las investigaciones judiciales de 1992, que acabaron con las cúpulas de los más poderosos partidos políticos, especialmente el Partido Socialista Italiano y la Democracia Cristiana.

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